Pues resulta que el otro domingo me levanté por la mañana sin demasiados menesteres entre manos y con ganas de improvisar. Fui a prepararme una infusión de hierbas de mi macetohuerto a base de stevia, hierba buena y orégano canario. En mi exigua alacena traté de encontrar algo para acompañar, aunque no vi nada apetecible. Me dirigí a la nevera y, !sorpresa¡, solo había tres alones de pollo campero ecológico en un plato cubierto con un "film" transparente de cocina.
En fin, el desayuno ya no tenía más solución que la de la simple infusión que, al menos, resultó estar rica. El caso es que, cuando me la andaba tomando, me percaté de que siendo domingo no iba a poder comprar nada cerca y que solo alones de pollo para almorzar iba a ser una situación un tanto triste. Me dije sin mucho convencimiento: “Bueno, ya me apañaré algo del macetohuerto para acompañar”.
Como la mañana estaba buena, con un esplendido sol invernal y ni pizca de viento, me dispuse a darme un paseo por los alrededores de casa (vivo en el extra radio de Sevilla). Al salir, me encontré casualmente con una lechuga silvestre (Lactuca virosa L.) que medraba en un resquicio de la acera y entonce pesé: “¡Eureca!, ¡ya lo tengo!. Me voy a agenciar unas cuantas hierbas para acompañar mis benditos alones”. Saltando al traspiés, como si fuera un niño, volví para casa, me enfundé calzado de campo, cogí mi cámara de fotos, una bolsa de tela y una navaja. Y nuevamente salí, esta vez dispuesto a encontrar la otra parte mi almuerzo.
Cual no fue mi sorpresa, nada más empezar, cuando a 100 metros de mi morada, en un terreno baldío de una vieja construcción ya derruida y mal protegida por una decrepita alambrada, encontré varias matas de acelgas silvestres (Beta vulgaris L.). ¡Por Tutatis!. Se trataba de los auténticos ancestros de las acelgas que comemos hoy en día. No me había percatado de ellas antes. De hecho, nunca antes había visto un ejemplar silvestre de esta especie. Aparentemente uno no tiene por que fijarse especialmente en ellas, pues es una hierba más en un mar de hierbas. Pero en fin, como uno lleva la profesión por dentro, no me costó reconocerlas, ya que tienen unos caracteres muy peculiares. Ya tenía la mitad de la otra mitad de mi almuerzo pues, finalmente, el manojo que recogí, lo herví y reogué para acompañar a los aloncillos.
Acelga silvestre - Beta vulgaris L. - Familia quenopodiáceas.
